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Caso
3. El dominio hipercor.net
El 19 de junio de 1987, 21
personas perdieron la vida y 45 con heridas graves, de las cuales 22 quedaron
inválidas, en el atentado más sangriento de ETA: el atentado de www.hipercor.net
de Barcelona.
Yo (Luis Toribio) vivo en la calle Cardenal
Tedeschini, apenas a 100 metros del Centro Comercial. Acostumbraba a ir casi
todos los días al supermercado del hipercor a comprar comida. Aquel día no
fui. Otras personas si que fueron a comprar comida y murieron por ello...
¿Alguien puede darme una explicación del botín político que se obtiene tras
un atentado como el anterior? Yo sólo veo miseria y muerte. Escribir a info@hipercor.net
Me gustaría, como ciudadano,
hacer un Homenaje a los fallecidos y heridos en el atentado del www.hipercor.net
y que sus familiares, en representación de ellos, fuesen sus
protagonistas.
Por
ellos:www.RafaelMoralesOcana.hipercor.net
www.TeresaDazaCecilia.hipercor.net
www.JorgeVicenteManzanares.hipercor.net
www.SilviaVicenteManzanares.hipercor.net
www.MariadelCarmenMarmolCubillo.hipercor.net
www.SusanaCabrerizoMarmol.hipercor.net
www.SoniaCabrerizoMarmol.hipercor.net
www.LuisEnriqueSaltoVinuelas.hipercor.net
www.MariaEmiliaEyreDieguez.hipercor.net
www.MilagrosAmezFranco.hipercor.net
www.MatildeMartinezDominguez.hipercor.net
www.MercedesManzanaresServitja.hipercor.net
www.JoseValeroSanchez.hipercor.net
www.LuisaRamirezCalanda.hipercor.net
www.FelipeCaparrosUbierna.hipercor.net
www.ConsueloOrtegaPerez.hipercor.net
www.MercedesMorenoMoreno.hipercor.net
www.MariaRosaValldellouMestre.hipercor.net
www.BarbaraSerrerCervantes.hipercor.net
www.MariaPazDieguezFernandez.hipercor.net
www.JavierVallsBauza.hipercor.net
Víctimas del atentado de Hipercor denuncian ante el tribunal que la
Administración no les proporcionó ninguna atención
(1 de julio de 2003)
Puedes ayudarlas haciendo una
donación a:
Asociación
Catalana Víctimas de Organizaciones Terroristas
La Caixa c/c: 2100
0710 950200080260 www.acvot.org
e-mail: webmaster@acvot.org
Quince víctimas y familiares de
los fallecidos en el atentado de Hipercor, perpetrado por ETA el 19 de junio de
1987 en Barcelona, declararon hoy ante el tribunal de la Audiencia Nacional que
juzga a Rafael Caride Simón y a Santiago Arróspide Sarasola, "Santi
Potros", por estos hechos. Todos ellos prestaron un emotivo testimonio,
salpicado de referencias a que la Administración nunca les proporcionó ayuda,
sobre cómo lograron salir del centro comercial o cómo identificaron a sus
familiares muertos.
Uno
de ellos, Alvaro Cabrerizo, quien perdió a su esposa y sus hijas, pidió
permiso al tribunal para añadir algo al margen de la preguntas que le había
realizado el abogado de la AVT, Juan Carlos Rodríguez Segura. En un gesto que
no suele ser habitual en él, el presidente de la Sala de lo Penal de la
Audiencia Nacional, Siro García, accedió a ello.
Entonces Cabrerizo dijo que si su
familia "hubiese muerto para que terminase este terror", lo asumiría,
pero que ETA "siga haciendo lo que está haciendo..." y que algunos
partidos políticos lo apoyen, le "parte el alma". Por eso, pidió
"al País Vasco que piense que la historia le pasará factura" y a la
Justicia "que sea justa". "Que no nos tenga abandonados, como
hemos estado", añadió.
Siro García le respondió que
"la Justicia, por supuesto, es justa, y no abandona ni deja de abandonar a
nadie". "En consecuencia le tengo que decir que está usted muy
equivocado sobre lo que la Justicia puede hacer", afirmó.
LLAMADAS AMENAZANTES.
A preguntas del letrado de la AVT,
Cabrerizo contó cómo fue identificada su mujer gracias a que llevaba en el
cuello el mismo cordón que él y una asistenta social se dio cuenta. Explicó
que, tras realizar declaraciones en los medios de comunicación, tuvo que dejar
Barcelona porque empezó a recibir llamadas amenazantes, en las que se le decía
que iba a correr la misma suerte que su familia.
El primer testigo en declarar,
José Vargas, quien consiguió sacar del centro comercial a su mujer, su hijo y
una chica que se había quemado con la explosión, explicó que el único dinero
que recibió tras el atentado fueron 100.000 pesetas, a pesar de que había
perdido el coche, él y su esposa sufrieron heridas y su hijo estuvo dos años y
medio en tratamiento psicológico.
El testimonio de que la
Administración no se hizo cargo ni siquiera del tratamiento psicológico que
precisaron las víctimas y sus familiares y que algunos todavía necesitan fue
repetido por todos ellos.
Rosario Grau contó cómo salió
del Hipercor, herida y en estado de shock, y llegó andando hasta su casa, donde
se cayó y su marido la llevó al hospital. Afirmó que todavía no puede estar
en sitios cerrados y con gente, por lo que sigue necesitando asistencia psicológica
y medicación.
Por su parte, Asunción Espinosa
relató que momentos antes de la explosión se separó de su marido para ir a
comprar algo y no lo volvió a ver hasta 27 días después por las graves
heridas sufridas por ambos.
"NI UNA LLAMADA."
El delegado de la AVT en Cataluña,
Roberto Manrique, que trabajaba en la carnicería de Hipercor cuando se produjo
el atentado,
porque le cambió el turno a un compañero, fue categórico al afirmar que de la
Administración ni siquiera recibió una llamada telefónica.
Explicó que su mujer lleva 12 años
recibiendo asistencia psicológica, y que él no la necesitó, aunque supone que
por su labor al frente de la AVT.
Tras terminar de declarar en el
juicio, manifestó a los medios de comunicación que el hecho de que se hubiera
permitido declarar como víctima del atentado a Milagros Rodríguez, embarazada
de 3 meses cuando se produjo el atentado y cuya hija nació sorda,
"demuestra que la Justicia entiende lo que no entiende el Ministerio del
Interior".
En este sentido, el abogado de la
AVT añadió, al concluir la vista oral, que por primera vez las víctimas
pudieron permanecer aguardando que les llegara el turno para declarar en una
sala dispuesta para ello por la Audiencia Nacional, gesto que destacó por el
estado en que se encontraban por revivir lo ocurrido el día del atentado.
El fiscal jefe de la Audiencia
Nacional pide para cada uno de los acusados 950 años de cárcel por 21 delitos
de asesinato, 44 de lesiones y uno de estragos.
Jessica,
la ultima victima de Hipercor
ANA MARÍA
ORTIZ (Domingo 9 de Junio de 2002,
Crónica de El Mundo)
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AJENA
AL RUIDO. Jessica, que estudia 2º de ESO, se sienta en primera fila
para leer los labios de los profesores. Si le ponen la música muy alta
siente los acordes de sus artistas preferidos: David Bisbal y Back
Street Boys. Sus padres llevan años reclamando que sea reconocida como
víctima de ETA.
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«Jessica, ¿tú te consideras una víctima del terrorismo?».
Al oído de la interlocutora, apenas a medio metro de distancia, las palabras
llegan vacías. La niña, de 14 años, guarda silencio, mira fijamente los
labios de quien ha formulado la pregunta e implora que éstos dibujen de nuevo
la frase. Así sus ojos podrán escuchar lo que no han oído los tímpanos.
Vocalizado el mensaje sílaba a sílaba, Jessica lo lee en el aire y se gira
hacia la madre, Milagros, sentada a su vera, para que ésta sea su voz: «Por
supuesto que lo es, ¿pero cómo no va a serlo?».
Dentro de unos días se cumplirán 15 años del atentado más mortífero en el
sangriento historial de ETA. El viernes 19 de junio de 1987 la banda terrorista
dejaba un coche preñado de muerte en el aparcamiento del centro comercial
Hipercor en Barcelona. Cuando a las 16.12 el Ford Sierra 25 kilos de amonal y
200 litros de líquido inflamable hacía explosión, dentro de los grandes
almacenes había 100 empleados y 500 clientes. Dos plantas más arriba del coche
bomba, una de las cajeras, Milagros Rodríguez, 27 años entonces, la madre que
hoy presta a la hija los sentidos que le faltan, se llevaba instintivamente las
manos al vientre para proteger al bebé que crecía dentro. Seis meses después
(enero de 1988), dio a luz a una niña sordomuda, Jessica López Rodríguez, y
comenzó una lucha, hasta ahora, inútil.
Ni informes médicos, ni recursos y más recursos han logrado convencer al
Ministerio de Interior de que si Jessica nació sumida en el silencio fue por
culpa de aquella bomba. El Estado no la reconoce como víctima del terrorismo
(ni a ella ni a su madre) y le niega, por tanto, la indemnización con la que se
compensa a todos aquellos a los que el hacha y la serpiente de ETA les ha
destrozado la vida.
A fuerza de logopedas y audífonos, Jessica ha logrado robarle algunos sonidos a
la nada, pero casi siempre calla. A sus miedos de adolescente suma el temor de
que los demás no la entiendan o se burlen de su torpe pronunciación. «Habla tú»,
dice a la madre y fija la mirada en el suelo para desentenderse de una historia
que ha leído demasiadas veces en sus labios. Si se somete a la entrevista, da
la impresión, es porque necesita otro audífono más sofisticado, 4.500 euros
que no hay en casa. Y quizás, ahora, con el aniversario se escuche su voz.
Desde Francia, Santiago Arrozpide Sarrasola, Santi Potros, cerebro etarra de la
operación, había dado la orden. La mañana del 19 de junio de 1987, los
ejecutores Domingo Troitiño, Mercedes Ernaga y Rafael Caride cebaban de
explosivos el coche robado que Caride conduciría hasta el segundo sótano de
Hipercor. «Vi sirenas de policía cuando entraba a trabajar», recuerda
Milagros, «pero una compañera me dijo: "No te preocupes, hay una amenaza
bomba pero no encuentran nada"». Minutos después la cajera abandonaba el
hipermercado, inaugurado tan sólo un año antes, con la cara ensangrentada por
el impacto de los cristales y los trozos del techo que le cayeron.
CAMILLAS Y CADÁVERES
Fuera, en la avenida Meridiana, un grupo de padres que esperaban la salida del
colegio de sus hijos corría para proteger a los suyos. En la hora siguiente
comenzaba el desfile de ambulancias y una caravana de camillas trasladaba
heridos y cadáveres. Casi todos los fallecidos murieron asfixiados en el
parking por el humo que generó la explosión. «Y ahí cometí el error por el
que ahora Jessica no tiene ayuda», interrumpe Milagros.
En lugar de pedir auxilio a una ambulancia, la cajera de Hipercor salió
despavorida hacia la casa de sus padres, que viven enfrente.«Mi padre padece
del corazón y mi angustia era que supieran que me encontraba bien. Por eso no
estoy en la lista de heridos y los que no figuran en ella no son considerados víctimas
de Hipercor».
Las portadas de todos los diarios españoles daban cuenta, el día siguiente, de
la muerte de 15 personas, pero el parte médico era poco esperanzador para
muchos de los heridos: Mercedes Moreno, quemaduras en el 90% del cuerpo,
Consuelo Ortega, 80%, Felipe Caparrós, 60%... El balance final: 21 muertos y 45
heridos. Nunca antes, ni después, ETA había matado tanto a la vez.
Era sábado 20 de junio. El día después. Milagros, embarazada de tres meses,
como el resto de trabajadores, volvía a Hipercor para limpiar los restos del
atentado. La escena se le grabó para siempre: «Zapatos que había perdido la
gente en la huida, trozos de carne porque la carnicería voló por los aires, de
todo...».
Nerviosa e impactada por lo vivido, pidió vacaciones en el trabajo.Nueve días
después de la barbarie («28 de junio», reza en el parte médico) cruzaba la
puerta de urgencias del Hospital Valle de Hebrón (Barcelona). En medio de la
noche, la había sobresaltado su camisón teñido de rojo. Sus pechos sangraban.
«La paciente es empleada de Hipercor, hallándose presente en el centro el día
del atentado», resaltaba el doctor que ordenó su inmediata hospitalización:
10 días aislada y absoluto reposo.
«Desde entonces supe que algo iba mal. Todo el resto del embarazo viví
aterrada con la idea de que mi hija naciera como un monstruo.Quise abortar, pero
mi ginecólogo me dijo que no preocupara, que todo marchaba bien». Se da cuenta
Milagros de que a Jessica le ha dolido el comentario y le dedica una caricia.
Ahora me alegro, mira qué hija más guapa tengo.
¿Guapa? Parezco Betty la Fea con este aparato en los dientes, se suelta Jessica
en su frase mas larga durante toda la conversación.
Madre e hija se dan un achuchón y recuperan un recuerdo más grato.«El día
que nació. ¡Qué alegría! ¡Está bien, está bien! La cogí en brazos y
comencé a mirarla y a contarle los dedos... 3,650 kilos, todo normal». Creyó
Milagros que despertaba de un mal sueño. El 19 de junio de 1987 no sólo
trastocaría para siempre su vida, la de Jessica y la del padre, Francisco López,
frigorista, que estos días anda ganándose la vida en Tarragona. La fecha se
convirtió en efemérides de luto en el calendario de la democracia española y
marcó, como el asesinato de Miguel Ángel Blanco, un antes y un después en la
historia de la banda terrorista.
ETA, que hasta entonces elegía cuidadosamente a sus víctimas, propinaba el
primer bombazo ciego contra la población civil.Esta vez HB no tenía un
comunicado amable para la banda y manifestaba «su más enérgica crítica» a
la acción. El atentado también provocó malestar entre algunos dirigentes de
la banda hasta el punto de que comenzó a correr el rumor de que la detención
de Santi Potros el hombre que dio la orden, arrestado en Francia el 30 de
septiembre de 1987 fue posible gracias un chivatazo de la propia organización.
Hoy Santi Potros, de 54 años extraditado a España en diciembre de 2000 y
condenado a 99 años por el atentando, en mayo de 1987, contra la Dirección
General de la Guardia Civil en Madrid todavía está pendiente de ser juzgado
por Hipercor.
A Jessica no le suena su nombre, ni el de los autores materiales de la matanza
de Hipercor. Tampoco sabe que esta semana el Congreso de los Diputados ha
aprobado una Ley de Partidos que permitirá ilegalizar a Batasuna. «Los de HB
son los de ETA», le explica la madre.
Cuando Jessica tenía 13 meses, un otorrino le confirmó a Milagros lo que no
quería saber: «Su hija es sordomuda». Comenzó entonces un periplo de
especialista en especialista: «¿Tú sabes la de veces que tuvimos que hacer
hora y media de camino en autobús hasta Monjuit sólo para que la niña
aprendiera a decir "man-za-na, man-za-na"?». Durante años dio palos
de ciego en busca de ayuda oficial consiguió de 18 euros al mes hasta que
encontró a Roberto. O mejor dicho, Roberto la encontró a ella.
Roberto Manrique, 39 años, era el carnicero de Hipercor. «¿Sabes lo que no
soporto?», bromea el hoy delegado de la Asociación de Víctimas del Terrorismo
(AVT) en Cataluña, «que cuando se habla del atentado se diga "la carnicería
de Hipercor". Entonces, yo, que era el carnicero, ¿qué soy?, el autor de
la matanza?».
CARNICERO DE HIPERCOR
Roberto, «el empleado 78152089-01», tenía 24 años, esposa y dos hijos, de
tres años y 10 meses. Cosas de la fatalidad, si aquel día estaba trabajando
era porque le había cambiado el turno a un compañero y servía 12 libritos de
lomo a Mari Carmen Candilejas herida en el atentado, como él cuando la bomba
explotó bajo sus pies. «Estaba justo encima del coche. Las llamas, los
explosivos...Todo para mí», relata. Cuando lo llevaron al hospital lo
registraron, equivocadamente, como Roberto Carnicero y su mujer tuvo que ver uno
por uno todos los cadáveres porque creía que su marido estaba muerto.
Su despacho, sede de la AVT, huele a recién pintado. Está de mudanza, pero ha
tenido tiempo de colgar sobre una pared los retratos de todos los muertos a
manos del terrorismo. Entre los 21 de Hipercor hay cuatro niños. Silvia y Jordi
Vicente, de 13 y nueve años. habían ido con su tía, Mercé, también
fallecida, a comprar un bañador porque la pequeña se iba de viaje de fin de
curso. La explosión los mató dentro del coche cuando volvían a casa con las
compras. Álvaro Cabrerizo perdió a sus dos hijas, Sonia y Susana, y a su
mujer, Mari Carmen. Ahora intenta rehacer su vida en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz),
donde ha adoptado a una niña colombiana.
Frente a las fotografías de los pequeños cuelga un recorte de prensa que
Roberto señala: «Setién es un abertzale con sotana» dice el titular. «Cuando
nuestra presidenta dijo esto nos dieron de tortas por todos lados, pero ahora,
tras la pastoral vasca [en la que los obispos vascos vienen a criticar la
ilegalización de Batasuna] todo el mundo está en contra del clero vasco»,
dice Roberto.
De un archivador, saca un abultado expediente con el historial de la niña
sordomuda. El caso se ha convertido para Roberto, «en algo personal». En 1990
el carnicero pasó a ser delegado de la AVT y comenzó a buscar a las víctimas
de Hipercor. Aún no ha logrado dar con seis de ellas, «a la que se les debe
una indemnización». A Josefa Viejo, por ejemplo 90 días hospitalizada por las
quemaduras , la localizó en Huelva. «Uy, pero si yo no soy víctima, si he
quedado bien, si no me falta nada...», le dijo ésta cuando Roberto le contó
que tenía derecho a una compensación económica. Entre ella y su hijo cobraron
nueve millones de pesetas (54.000 euros).
A la madre de Jessica, Milagros Rodríguez, la encontró en 1992 y desde
entonces la carpeta con su reivindicación no ha dejado de engordar: la factura
del audífono que lleva Jessica (1.800 euros que pagó la AVT. Ahora precisa uno
nuevo que cuesta 4.500 euros ); el informe del especialista de Navarra, José
Aguilar, quien dictaminó que había relación entre la «explosión» y la «sordera
perceptiva total de Jessica»; la petición al Ministerio de Interior del
reconocimiento como víctima y la correspondiente denegación; un recurso; las
pruebas realizadas en julio de 1998 solicitadas por Interior que concluyen que
no se puede demostrar que Jessica sea sordomuda por la explosión; otro
recurso...
LAS LEYENDAS
Conduce Roberto hacia la cita con Milagros y Jessica, que esperan en la plaza de
la Tolerancia, justo en la puerta de Hipercor.Y cuenta en el camino el ex
carnicero alguna de las leyendas-anécdotas del atentado. Tras incorporarse a su
trabajo, tuvo que pedir el traslado al turno de noche agobiado porque todo el
mundo quería que le sirviera las chuletas «el chico de la explosión». Una de
las mujeres fallecida, embarazada dijeron todos los medios de comunicación, no
estaba en estado de gracia sino hinchada por el humo que inhaló. Juan
Francisco, el chico de la limpieza, al que todos tenían por «hombre de pocas
luces» fue de los pocos que logró salir del parking tras la deflagración. Se
quitó la camisa, se orinó en ella, y la usó para cubrirse cara.
También recuerda lo que fueron los días siguientes al atentado.El 22 de junio
Barcelona vivía la mayor manifestación de protesta (500.000 personas) desde
que el 11 de septiembre de 1976 se solicitara el regreso del presidente
Tarradellas. En una de las pancartas se podía leer: «¿Cómo es posible que
haya 40.000 catalanes que apoyen a los asesinos de ETA?». Ése era el número
de votos que HB había obtenido en Cataluña 10 días antes de la masacre, en
las elecciones europeas en las que alcanzó su hasta entonces techo electoral
con 210.000 votos.
«Lo peor», dice Roberto, «es que en las siguientes europeas HB sacó 29.000
votos, sólo 11.000 menos. Y eso te hace pensar: "Hostias, eso significa
que tres de cada cuatro estaban de acuerdo con lo de Hipercor». Lo cierto es
que el ataque a la población civil le supuso a HB, además de una fractura en
su seno, la pérdida de apoyo popular, dentro y fuera de Euskadi. En la europeas
de 1994, cosechaba 180.000 votos, 30.000 menos que antes de Hipercor.
En la plaza de la Tolerancia esperan Milagros y Jessica, una chica cualquiera,
con aparato corrector en los dientes, vaqueros de campana, zapatillas de marca,
y móvil propio. No puede usarlo para hablar porque no oiría a su interlocutor
pero engrosa la lista de adolescentes que, dicen los científicos, tienen el
dedo pulgar más desarrollado de la cuenta a base de teclear mensajes. El martes
pasado, confiesa, intercambió unos 50.
Si le ponen la música muy alta percibe los compases de sus artistas preferidos
cuyas fotografías empapelan su cuarto. David Bisbal y Back Street Boys
comparten pared con los jugadores del Real Madrid. En televisión sólo puede
seguir las series subtituladas, como Compañeros o Los Simpsons.
En una de las aulas de 2º de ESO del Instituto barcelonés Juan Manuel de
Zafra, ocupa asiento de primera fila para poder leer los labios de los
profesores. Y a juzgar por su expediente impoluto debe de hacerlo bastante bien.
Sólo pierde el hilo con el profesor de Tecnología que tiene por costumbre
pasear mientras da clase.Todos los días, junto a otros cinco compañeros,
asiste a una clase adicional con el logopeda que les paga la Generalitat.«Progresaría
más con uno particular», dice la madre, «pero me pide 36 euros por tres
cuartos de hora».
Llega la hora de la sesión fotográfica y a la madre protectora, que tiene que
hacer unas compras al súper, no le hace mucha gracia dejar sola a Jessica. Sólo
tras la promesa de que será cosa de 10 minutos y de que el propio Roberto
Manrique, su ángel de la guarda, la acompañará a casa, acepta a regañadientes.
La memoria prodigiosa de Roberto (entrenada durante los años que pasó tras el
mostrador haciendo cuentas y reteniendo como le gustaban los filetes a cada
clienta, dice él) guarda, con detalles, fechas y lugar de nacimiento, historial
delictivo y cuentas pendientes con la Justicia de cada uno de los miembros del
comando Barcelona responsables del atentado de Hipercor, Domingo Troitiño y
Mercedes Ernaga fueron detenidos dos meses después de la masacre y en 1989 la
Audiencia Nacional los condenó, a cada uno, a 794 años de prisión. «Y a seis
años sin poner un pie en Barcelona», apostilla Roberto, que estuvo presente en
el juicio. Dentro de 15 años, en 2017, los dos quedarán en libertad.
Rafael Caride, quien condujo el coche bomba hasta el parking, fue detenido por
la Policía francesa en febrero de 1993 en un bar de Toulouse y extraditado a
España en marzo de 2000. Como Santi Potros, el cerebro de la operación, está
pendiente de rendir cuentas con la Justicia por lo de Hipercor.
Acabadas las fotografías, en plena Meridiana barcelonesa y bajo amenaza de
lluvia, la promesa hecha a Milagros es cumplida. La tímida Jessica baja del
coche de Roberto y, sin despedirse, corre hacia el portal de su casa. Una vez
allí, se da media vuelta y agita la mano: «Adiós».
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