Os suplico que os plazca
abreviar estas grandes dilaciones... veis que Calvino... quiere hacerme pudrir
en prisión. Los piojos me comen vivo, mis calzones están desgarrados, y no tengo
muda ni jubón, ni más camisas que una en jirones...
(Miguel Servet)
Aunque en Vienne se escapó del
presidio, Miguel Servet no encontraba en el mundo un lugar donde sentirse libre
para hacer lo que quisiera. No se atrevía a quedarse en Francia por miedo a ser
capturado. Era igual de inseguro regresar al departamento del Rin, de donde
había huido años antes y donde podrían todavía reconocerle. Impensable era
también regresar a su tierra natal en la fanática España. Por lo tanto, decidió
irse a Nápoles a ejercer su profesión entre los hombres del lugar, muchos de los
cuales habían huido allí para disfrutar de mayor libertad religiosa. Primero
pensó en cruzar los Pirineos y pasar por España pero el peligro de ser arrestado
en la frontera le hizo desistir y, tras caminar sin rumbo fijo durante cuatro
meses, al final optó por la ruta que atravesaba Suiza hasta el norte de Italia
como la más segura. Afortunadamente para él, tenía dinero suficiente.
La vida de Miguel Servet. 1ª
Parte
Así fue como Miguel Servet llegó
a una posada de Ginebra una noche a mediados de agosto. Intentó enseguida
conseguir un bote para cruzar el lago de camino a Zurich y luego a Italia.
Pretendía pasar lo más inadvertido posible pero, desgraciadamente para él, el
día siguiente era domingo y como la ley obligaba a todo el mundo a asistir a la
iglesia, sintió curiosidad por escuchar el sermón de Calvino. Aquí fue
reconocido incluso antes de que el sermón empezara. Hacía tiempo que Calvino
creía que Miguel Servet se merecía la muerte por blasfemo y hereje, y pensó que
había llegado para propagar sus herejías por Ginebra y poner, así, el éxito de
su Reforma en peligro. Era muy consciente de este peligro desde que había
recibido una carta comunicándosele lo rápidamente que las enseñanzas de Miguel
Servet se estaban propagando por las ciudades del norte de Italia. Se sintió
entonces obligado a hacer todo lo posible para liberar al mundo de Miguel Servet
ya que en Vienne la Inquisición no lo había conseguido. Ordenó su arresto de
inmediato y le envió a la cárcel. La ley exigía que, en tales casos, el acusador
fuera encarcelado con el acusado hasta que se hubieran fijado los cargos. Como
esto no le convenía, Calvino envió a la cárcel a un estudiante llamado Nicolás
de la Fontaine, que vivía en su casa como secretario, para representarle como
acusador.
Un día después de su arresto,
Miguel Servet fue citado para un examen preliminar ante la autoridad
correspondiente, a quien de la Fontaine, su acusador formal, había presentado
una denuncia redactada por el propio Calvino en contra de Miguel Servet. La
acusación se basaba principalmente en la obra Restitutio y, tras acusarle de que
unos veinticuatro años atrás ya se había envuelto en problemas con las iglesias
por sus herejías y que desde entonces había reincidido constantemente con sus
opiniones sobre la Biblia y Ptolomeo, con la publicación de un libro reciente
lleno de innumerables blasfemias y con su fuga de la prisión de Vienne,
continuaron acusándole de destruir los cimientos del Cristianismo por medio de
varias herejías sobre la Trinidad, la persona de Cristo, la inmortalidad del
alma o el bautismo de los niños. Finalmente, se llegó al clímax acusándole de
haber difamado a Calvino lanzando todas las blasfemias posibles en su contra y
habiendo ocultado sus escandalosas opiniones al impresor de Vienne. Miguel
Servet admitió algunos de estos cargos, otros los negó por ser falsos y a otros
les encontró una explicación convincente añadiendo, sin embargo, que si en algo
se había equivocado, deseaba ser corregido. Pero los cargos se mantuvieron y se
dictaminó que se iniciaría un proceso.
Al día siguiente, se inició el
proceso dirigido por el fiscal ante el gobierno local de Ginebra. Miguel Servet,
habiéndosele hecho prestar juramento, fue interrogado de nuevo sobre los cargos
que se le habían imputado el día anterior. Esta vez, admitió y negó los cargos
de manera más decidida que antes pero intentó algo nuevo respecto a Calvino al
decir que no era culpa suya no haber sido quemado vivo en Vienne, y que estaba
dispuesto a mostrar a Calvino las razones y los borradores de sus enseñanzas
ante numerosos fieles. Más tarde, uno de los defensores más ardientes de Calvino
se incorporó al caso en calidad de fiscal, mientras uno de sus adversarios
políticos más activos se encargaba de la defensa de Miguel Servet. Este hecho
amenazaba convertir el caso en una disputa política para derrocar a Calvino así
que, él mismo prefirió no correr riesgos, quitarse la máscara y presentarse en
persona directamente como el acusador y ser asistido durante la acusación. En el
último interrogatorio de Miguel Servet, poco salió a relucir, excepto que Miguel
Servet había aplicado a los que creían en la doctrina ortodoxa de la Trinidad el
término de trinitarios, por lo cual Calvino se sintió terriblemente ofendido. El
proceso mantuvo que los cargos contra Miguel Servet se habían examinado lo
suficientemente para determinar que era un criminal y se solicitó que de la
Fontaine fuera liberado de su presidio como acusador, lo cual se concedió. El
fiscal, por lo tanto, se encargó del proceso en representación del Estado e
inició una nueva etapa del juicio formulando una acusación completamente nueva
mientras Calvino volvía a un segundo plano enseguida, a pesar de que desde el
púlpito avivaba el sentimiento público pronunciando implacables ataques contra
Miguel Servet. Mientras tanto, se había votado solicitar a las autoridades de
Vienne una copia de las pruebas que tenían en contra de Miguel Servet y así,
presentar el caso ante otras iglesias de Suiza para que tuvieran constancia de
ello.
Ahora que el juicio regular
estaba a punto de empezar, Miguel Servet compareció ante el tribunal con una
petición para ser absuelto. Su premisa fue argumentar que ni los Apóstoles ni
los primeros emperadores cristianos habían tenido por costumbre tratar a los
herejes de culpables con la pena de muerte sino de excomunicarles o, como
máximo, desterrarles; que él no había cometido ningún crimen en ninguna parte;
que los temas que él había debatido eran sólo para los estudiosos y que nunca
los había comentado con otros; que en cuanto a los anabaptistas, quienes habían
intentado presentarle como un personaje peligroso para el orden público, él
siempre les había desaprobado; y, finalmente, que teniendo en cuenta que era un
extranjero y desconocedor de las costumbres de la región y de los procedimientos
legales, solicitaba un abogado que llevara el caso en representación suya.
Los artículos de la nueva
acusación apenas se fijaban en los aspectos doctrinales que habían sido tan
importantes en los cargos iniciales; al contrario, se habían redactado para
demostrar que Miguel Servet había estado propagando doctrinas opuestas al
Cristianismo y que había llevado una vida inmoral y delictiva; que sus
enseñanzas comportaban la inmoralidad y favorecían a otras religiones; que sus
doctrinas eran las mismas que las de herejes ya condenados; y que se había
desplazado a Ginebra para provocar el desorden de la ciudad. Cuando fue
interrogado, las respuestas de Miguel Servet a esas cuestiones fueron tan
sinceras y claras que causó una muy buena impresión a los jueces. El fiscal, sin
embargo, al parecer preparado por Calvino, enseguida buscó la manera de
contrarrestar esta impresión enseñando la petición que Miguel Servet había
redactado días antes para argumentar que las causas presentadas no instaban a su
absolución. Expuso que esas razones no podían demostrarse con hechos; que era
evidente, por lo tanto, que Miguel Servet era uno de los herejes más astutos,
imprudentes y peligrosos que nunca habían existido, pues deseaba que se anularan
las leyes que castigaban a los herejes; que sus enseñanzas anabaptistas eran sus
errores de menor importancia; que durante su declaración, había mentido y se
había contradicho; que nunca se había oído que tales criminales pudieran ser
representados por un abogado; y, además, que era tan claramente culpable que ni
lo necesitaba. Su petición, por lo tanto, fue denegada y el proceso siguió
adelante con el interrogatorio del prisionero.
La vida de Miguel Servet. 2ª
Parte
La respuesta de las autoridades
de Vienne llegó a su debido tiempo. Enviaron una copia de la sentencia que
existía contra Miguel Servet pero reclamaron tener jurisdicción sobre él como
preso fugitivo por crímenes cometidos en su territorio y, en consecuencia,
pedían que les fuera entregado para recibir castigo. También rogaron que les
eximiesen de enviar pruebas. Al preguntársele si quería ser juzgado allí o si
prefería ser devuelto a Vienne, Miguel Servet se lanzó al suelo y les suplicó
con lágrimas que no le deportaran, sino que le juzgaran allí mismo e hicieran lo
que quisieran con él. Esto les pareció bien a Calvino y sus amigos porque si el
hereje finalmente iba a ser quemado, querían hacerlo ellos mismos para demostrar
que los protestantes no eran menos entusiastas que los católicos a la hora de
preservar la pureza de la fe cristiana. De esta forma, rechazaron educadamente
la petición que les había llegado de Vienne y prometieron que se haría justicia.
Cuando las enseñanzas herejes de
Miguel Servet se pusieron a discusión, se consideró que el debate se alargaría
mucho si se celebraba en el tribunal. Además, el tema era demasiado complicado
para que nada se les pasara por alto a los jueces. Se decidió que se
proporcionarían los libros necesarios a Miguel Servet para que él y Calvino
debatieran por escrito los puntos a tratar. Una vez redactadas las
disertaciones, se adjuntarían al resto de los documentos aportados al caso, y se
entregarían a las iglesias de Suiza para pedir sus consejos sobre cómo actuar.
Es posible que esta decisión no fuera del agrado de Calvino e incluso que
hubiera sido propuesta por sus enemigos a fin de perjudicarle ya que dos años
antes, cuando Bolsec fue a juicio por oponerse a las teorías de Calvino sobre la
predestinación, una apelación similar se había resuelto a favor de Bolsec a
pesar de que Calvino también había deseado que se le condenara a muerte.
La misma mañana del día en que el
Consejo ordenó el debate por escrito entre Calvino y Miguel Servet, los enemigos
de Calvino se habían anotado un tanto importante en el gobierno local. Parece
ser que esto animó a Miguel Servet a pensar que ganaría el caso y a engendrar
una falsa sensación de seguridad. La discusión por escrito duró cuatro días. En
nombre de los sacerdotes de Ginebra, Calvino recopiló un compendio de treinta y
ocho fragmentos extraídos de las obras de Miguel Servet, que presentó como “en
parte blasfemias impías, en parte errores irreverentes e insensatos, y del todo
en desacuerdo con la Palabra de Dios y la fe ortodoxa.” Los entregó sin ningún
comentario. Miguel Servet le dio réplica explicando y justificando sus
opiniones. Calvino respondió rebatiéndolo y Miguel Servet acabó por anotar
breves comentarios entre las líneas o en los márgenes del manuscrito de Calvino.
El debate se había iniciado de manera digna pero Miguel Servet, considerando a
Calvino vencido, perdió la cabeza y, al final, sin ofrecer argumentos
consistentes se vino abajo lanzando fuertes insultos e improperios en perjuicio
de su caso. Calvino, por el contrario, se mantuvo firme y reforzó el suyo. Los
documentos se enviaron entonces al Consejo y luego a las iglesias y a los
consejos locales de Zurich, Berna, Basilea y Schaffhausen. Mientras, Calvino se
les había adelantado escribiendo a los distintos sacerdotes para predisponerles
en contra de Miguel Servet.
Habían pasado cuatro semanas
antes de que se recibieran las respuestas y durante todo ese tiempo Miguel
Servet se había estado consumiendo en prisión. Él pensaba que Calvino se
encontraba contra las cuerdas y que le retenía allí para fastidiarle. Los bichos
se lo estaban comiendo vivo, de su ropa sólo quedaban harapos y éstos ni podía
cambiárselos. Volvió a solicitar un abogado y apeló su caso al Consejo de los
Doscientos. El líder del grupo adversario de Calvino apoyó su apelación pero no
sirvió de nada. Una semana más tarde, Miguel Servet, todavía convencido de su
causa, solicitó que se encarcelara a Calvino por falso acusador, castigado a
pena de muerte si era declarado culpable, y presentó seis cargos contra él. Esta
petición fue ignorada como las otras. Finalmente, habiendo pasado tres semanas
más, volvió a solicitar por piedad la ropa que necesitaba, pues se encontraba
enfermo y tenía frío. Esta petición le fue finalmente concedida. [cartas desde
prisión]
Las respuestas de las distintas
iglesias llegaron por fin. Los consejos habían remitido, de común acuerdo, el
asunto a sus pastores y éstos, a pesar de expresarse de modo distinto y haciendo
uso de un lenguaje cauteloso, consideraron que Miguel Servet era claramente
culpable y rogaban que se utilizaran todos los medios posibles para liberar a
las iglesias de su presencia, en particular para prevenir que éstas ganaran mala
reputación por albergar a herejes. Ante tal unánime consejo, sólo había una
decisión que tomar, y pasados unos días, se aprobó que Miguel Servet fuera
condenado a ser llevado al barrio de Champel para, al día siguiente, ser quemado
allí junto a sus libros. La quema había sido durante siglos la pena imputada por
herejía según la ley del Imperio y cuando Calvino revisó las leyes de Ginebra,
dejó este punto como estaba. En este caso, intentó que la decapitación
sustituyera a la quema pero el asunto estaba fuera de su control. Cuando se
anunció la sentencia a Miguel Servet, éste se derrumbó por completo, pues él
había esperado la absolución o en el peor de los casos, el destierro. Pronto
recuperó la compostura, envió llamar a Calvino y le suplicó su perdón. Farel,
ministro de Neuchatel, había llegado esa mañana a petición de Calvino. Intentó
que Miguel Servet renunciara a sus ideas para poder, así, salvar su vida pero
Miguel Servet se mantuvo firme a sus convicciones. Tan sólo imploró otra forma
de muerte por miedo a que el sufrimiento en la hoguera le obligara, al final, a
tener que abjurar. Farel le acompañó hasta el lugar de la ejecución, donde se
había reunido una gran multitud, y allí murió rezando una plegaria (27 de
octubre de 1553).
Ya durante el juicio de Miguel
Servet se habían levantado algunas voces en su favor, siendo una de ellas el
magistrado italiano Gribaldo, quien se encontraba en Ginebra en ese tiempo.
Mientras, David Joris escribía desde Basiliea a los distintos gobiernos de las
ciudades protestantes de Suiza para pedirles que impedieran su fatal destino.
Pero cualquier cosa que los anabaptistas, quienes no aprobaban la represión de
la herejía por la fuerza y Erasmo, Martín Lutero , Zuinglio o Calvino pudieran
haber dicho, en un principio, a favor de un tratamiento más condescendiente con
los herejes, o el hecho de que ese mismo año Calvino hubiera representado a
cinco jóvenes protestantes de Lausana en un juicio ante la Inquisición de Lyon,
fueron convenientemente olvidados.
Los líderes de la Reforma
aprobaron sin excepción la ejecución de Miguel Servet, y Melanchthon se refirió
a ella como “un ejemplo piadoso que merecía ser recordado para toda la
posteridad.” Calvino nunca mostró el menor arrepentimiento por ella. Los
católicos no lo olvidaron y, durante generaciones posteriores, cuando los
protestantes se quejaban del trato que los católicos infligían a los herejes
protestantes, ellos les replicaban recordándoles el trato que Calvino había
aplicado a Miguel Servet.
La vida de Miguel Servet. 3ª
Parte
Todavía las cenizas de Miguel
Servet no habían tenido tiempo de enfriarse cuando se despertó un rechazo
general sobre el asunto así como indignación en contra de Calvino por su
participación en todo ello. El consejo enseguida desestimó los cargos pendientes
contra el impresor de Restitutio, quien había sido capturado. Calvino fue objeto
de los ataques más crueles, incluso en Ginebra: “hasta los perros me ladran por
todas partes”, escribió. Y se decía que era más odiado en la Basilea protestante
que en el París católico. Al cabo de dos meses de la muerte de Miguel Servet,
Calvino tuvo que abandonar Ginebra. Sintiéndose obligado a defenderse de sí
mismo, publicó a principios del año siguiente una defensa de la fe ortodoxa
sobre la Santa Trinidad en contra de los errores propugnados por Miguel Servet.
En ella, además de defender la pena capital para los herejes, presentaba a
Miguel Servet en términos de lo más odiosos. Esto no ayudó a aumentar la estima
por Calvino y pronto se vió compensado por una obra anónima sobre el castigo de
los herejes, un noble llamamiento a la tolerancia generalmente atribuido a
Chatillon (Castellio), quien años antes tuvo desavenencias con Calvino en
Ginebra y quien se encontraba ahora en Basilea. Ésta, a su vez, fue seguida de
una respuesta del admirado amigo de Calvino, Beza. De hecho, a través de estas y
otras obras, se abrió en debate la cuestión del castigo o la tolerancia de las
herejías, consiguiendo un resultado muy beneficioso. Durante un tiempo, los
herejes todavía fueron, ocasionalmente, castigados con la muerte en países
protestantes pero, desde ese momento, la oposición a esta práctica había crecido
considerablemente. Por lo tanto, podría decirse que si las obras de Miguel
Servet fueron de gran importancia para la desautorización de la creencia
atanasia sobre la Trinidad, su muerte tuvo todavía una mayor importancia al
potenciar una apertura hacia la libertad religiosa de pensamiento y palabra.
MIGUEL SERVET - SERVET
MÉDICO, TEÓLOGO, FILÓSOFO...
"El sabio víctima de la
Universidad, el santo víctima de las Iglesias"
Tanto de la Católica que lo
condenó, como de los Reformadores (calvinistas) que lo quemaron, y silenciaron
su figura y obra durante tres siglos, hasta el XIX que se opera su resurrección.
Miguel
Servet es martir de sus ideas cristianas, más cristiano, aunque menos ortodoxo
que los cristianos católicos y reformados. Miguel Servet es nuestro máximo
hereje y martir español, siempre creyó que todo lo que puede ser pensado, puede
ser dicho, discutido y hecho.
Miguel Servet, humanista total,
estudioso de todas las ciencias y dominador de muchos idiomas, dicen que hubiera
producido y descubierto muchas cosas más, si hubiese estudiado muchas menos.
Sintesis de lo que fue Miguel
Servet, está reflejado en el monumento erigido en Annemasse (el pueblo francés
más cercano a Ginebra) en su honor. En sus cuatro caras se lee:
- Miguel Servet, helenista,
geógrafo, médico y filósofo, debe ser apreciado de la humanidad por sus
descubrimientos científicos, su abnegación en favor de los enfermos y pobres, y
la indomable independencia de su inteligencia y su conciencia.
- A Miguel Servet apóstol de la
libre creencia y martir del libre pensamiento, nacido el 29 de Septiembre de
1511 en Villanueva de Aragón, quemado en efigie por la Inquisición católica el
17 de Junio de 1551, y quemado vivo en Ginebra por instigación de Calvino el 27
de Octubre de 1553.
- La detención de Miguel Servet
en Ginebra, donde no habían publicado, ni dogmatizado, y donde, en consecuencia,
no podía ser entregado a la justicia, debe considerarse como una barbaridad y un
insulto al derecho de las naciones (Voltaire).
- Miguel Servet escribía a sus
jueces; "Os suplico que os plazca abreviar estas grandes dilaciones... veis que
Calvino... quiere hacerme pudrir en prisión. Los piojos me comen vivo, mis
calzones están desgarrados, y no tengo muda ni jubón, ni más camisas que una en
jirones..."
MIGUEL SERVET -
BIOGRAFÍA DESDE LOS 13 A LOS 21 AÑOS
Miguel Servet, de Villanueva, en
el reino de Aragón, en España, nacido el 29 de Septiembre de 1511. Su padre era
Notario del Monasterio de Sigena. Su infancia transcurre en su pueblo natal,
donde recibe las primeras letras, estudiando también en Huesca y el Monasterio
de Montearagón.
* Con tan sólo 13 años, entra
como paje de Quintana, diputado, con el que recorre España. Domina ya el latín,
griego y hebreo.
* A los 16 años, regresa a
Villanueva y su padre lo envía a estudiar leyes en Toulouse (Francia).
* A los 18 años, se pone otra vez
al servicio de Quintana, confesor de Carlos I, el rey gran conocedor de hombres,
se fija en él considerándolo una gran esperanza. Con el séquito imperial recorre
Italia, asistiendo a la Coronación del Emperador en Bolonia, y posteriormente se
traslada a Alemania, donde su señor asiste a la Dieta de Ausburgo.
* A los 19 años, se separa de la
Corte y se erige en reformador. Lutero le llamo moro. En Basilea, es huésped de
Ecolampadio, hasta que discuten violentamente.
* A los 20 años, está en
Estrasburgo, donde sus relaciones con Bucero y Capito, terminan agriamente.
Edita De Trinitatis erroribus, firmando ccon su nombre completo.
* A los 21 años, ya es perseguido
por los reformadores y católicos en Suiza y Alemania, y huye a Lyon, donde
cambia de nombre y pais de origen, haciéndose llamar Miguel Villanovano, navarro
de nación e hijo de Tudela. edita Dialogorum de Trinitate. La Inquisición
publica su decreto llamando a 40 fugitivos, cuya lista encabeza Miguel Servet.
Para ganarse la vida trabaja de
corrector de pruebas de imprenta, donde viendo su dominio de idiomas y grandes
conocimientos le encargan la publicación de la Geografía de Ptolomeo, que
mejoró, por lo que ha sido considerado fundador de la Etnografía y de la
Geografía comparada. Corrigió una Botánica, demostrando su disposición para las
Ciencias Biológicas.
Se va a Paris a estudiar
Medicina, donde Silvio escribe: "Tuve por ayudantes a Vesalio, joven muy
diligente en Anatomía, y después a Miguel Villanovano, varón eminente en todas
las letras y a ninguno inferior en la doctrina de Galeno".
Para ganarse el sustento fue
profesor de Matemáticas (entonces comprendía también Geografía, Astronomía, y
Astrología), donde acudía numeroso público deseoso de oir al "Doux savant
espagnol".
MIGUEL SERVETO - VIDA
DESDE LOS 23 A LOS 42 AÑOS
* Tiene 23 años, cuando se
publica su edición de Geografía de Ptolomeo.
* A los 24 años, publica una
Apología en defensa de su maestro Champier. Se traslada a Avignon.
* A los 25 años, se matricula en
la Universidad de Paris y publica su Syroporum, crítica acerba de los métodos
terapéuticos en uso. Escribe también sobre los Jarabes, demostrando un gran
bagaje farmacológico. Traduce del griego De medica materia de Dioscorides.
* A los 26 años, predice el
eclipse de Marte por la Luna, el trece de Febrero de 1538. Por la edición de su
libro sobre Astrología, se le procesa en el Parlamento de Paris.
* A los 27 años, detectando
variados peligros después del Proceso, abandona Paris, abriendo consulta médica
en Charlieu (Loira) durante casi tres años.
* A los 29 años, regresa a Lyon
donde ejerce la Medicina y se hace editor, publicando una versión española de la
Summa de santo Tomás de Aquino.
* A los 30 años, se traslada a
Viena del Delfinado, donde está su amigo el Arzobispo Palmier, allí vivió
durante doce años ejerciendo la Medicina y dedicándose ocultamente a sus
favoritos temas teológicos. Reedita la Geografía de Ptolomeo.
* A los 31 años, hizo una nueva
impresión de la Biblia de Santes Pagnini, revisada, corregida y cuidada por él.
Publica otra Biblia, versión Serveto.
* A los 33 años, le reeditan
varios de sus libros y también publica tratados de Gramática traducidos del
latín al castellano con sus originales comentarios.
* A los 34 años, le envía a
Calvino su Cristianismi Restitutio. Es concejal de Viena del Delfinado.
* A los 38 años, fue elegido
Prior médico y presta servicio gratuito a los pobres.
* A los
40 años, comienza la impresión de su Cristianismi Restitutio, donde inserta el
texto describiendo la circulación menor de la sangre, conocimiento debido a su
práctica de la disección.
* A los 41 años, es denunciado,
por instigación de Calvino, a la Inquisición francesa y hecho prisionero, se
evade por las facilidades dadas por los carceleros y autoridades. Es sentenciado
por la Inquisición, siendo quemado en efigie con cinco lotes de su libro.
* A los 42 años, es condenado a
muerte en Ginebra, siendo quemado vivo en la plaza de Champel el 27 de Octubre
de 1553, atado su cuerpo a una estaca con una cadena, el cuello fijado con cinco
vueltas de soga y su cabeza con una corona de paja untada en de azufre, rodeado
de haces de leña verde, para hacer más lenta y dolorosa la agonía. Murió
encomendando su alma a "Cristo, hijo de Dios eterno".
ELUCUBRACIONES
Miguel Serveto Conesa, alias
"Revés", niño prodigio como iba a ser, debió de contar sus días de gestación,
por lo que tuvo que ser concebido matemáticamente, el día de los Santos
Inocentes de 1510, es decir en las Navidades más tristes del Monasterio. Las
soores, sus vecinos y familia acababan de ser excomulgados y su padre Antón,
notario real, que en 1498 había certificado el fin de un pléito semejante se vió
involucrado en otro en el que forzosamente tuvo que intervenir por sus
conocimientos y autoridad, asesorando a las monjas
Nos cuesta situarnos en aquella
época en el Monasterio de Sigena, vislumbrar su esplendor; habitado por gentes
de toda condición, conocimientos y oficios, además de visitado por viajeros;
unos nobles, otros transportistas, cómicos y comerciantes. El fluir de noticias
o bulos sobre nuevos conocimientos y tierras descubiertas; la llegada de
curiosidades de ultramar, y en un medio rural, ¿cuánto le sorpredería la llegada
de las patatas, el panizo, los tomates y el tabaco?, ¿cuándo vieron fumar por
primera vez?, ¿cuánto había de aventurismo con la ilusión de enriquecerse
conquistando nuevas tierras?, ¿cómo se vivía la sublevación de los Comuneros,
las Germanías y las continuadas guerras con Francia?, ¿en qué influían "las
caravanas" de la Orden de Malta?. Todo esto tenía que marcar a Serveto niño.
Su padre, primer educador, tuvo
que conocer prontamente las cualidades intelectuales de su hijo y lo oriento y
dirigió en sus estudios, haciendo también que lo acompañara en sus frecuentes
viajes por el Señorío del Monasterio, a monasterios y ciudades próximas donde
tenía que certificar y tratar sobre escrituras, impuestos y pregueras.
En el Monasterio tenía
suficientes libros en su biblioteca y fundamentalmente unos monjes-soldados
retirados de sus caravanas contra turcos y berberiscos que habían "visto mundo",
navegando y luchando permanentemente en contacto con "lenguas" (la Orden se
dividía en siete lenguas según el pais de origen de los caballeros) y culturas
diversas, amigas y enemigas, y que en su vejez y celibato, tenía que agradarles
"narrar batallitas" a un niño tan atento y ávido de conocimientos.
Desde su más tierna infancia
asiste a las discusiones teológicas, las críticas a las distintas formas de
entender la religión, desde la más rica a la más humilde y sacrificada. Quedan
residuos sobre todo en el Monasterio de mozárabes y judíos recien convertidos.
Empieza a penetrar en España ideas luteranas, erasmistas y herejes. La
Inquisición actúa. Y sobre todo las peleas con el Obispo de Lérida para que se
levante la excomunión, lo que tenía que provocar insultos, palabras acaloradas,
sin admitir la obediencia a una autoridad que se consideraba injusta.
En su niñez se descubre el
Pacífico, los portugueses llegan a China y se produce la unidad dinástica de
España con la incorporación de Navarra. Es el tiempo de Maquiavelo, Thomas Moro,
Erasmo, Tiziano y Rafael. Y también de los reformadores religiosos: Lutero,
Zwinglio, Melantchon, con los que después se iba a confrontar. Se ocupa y
conquista México y Venezuela.
Cuando entra al servicio del
clérigo Quintana en la Corte, su bagaje cultural ya es extenso para su corta
edad y asiste a los "puntos más calientes de la actualidad" en España, como la
reunión erasmista de Valladolid. El "erasmismo" provoca una fuerte corriente de
libertad religiosa. Erasmo partidario de un cristianismo sencillo, apegado a los
ideales de pureza evangélica, impregno el mundo de los letrados y de los
humanistas y provoco la aparición de los "alumbrados", que posteriormente
renacería con la heterodoxia de los "quietistas", propagada por el también
aragonés, de Muniesa, Miguel de Molinos (1628), y también perseguido y condenado
por la Inquisición. Machado dijo que España era la Patria de los "cuatro
migueles": M. Serveto, M. de Cervantes, M. de Molinos y M. Unamuno.
Tiene noticias de la aparición
del anabaptismo en Alemania y posteriormente en Suiza (herejía con la que
algunos consideran que Servet estaba de acuerdo). Comienza la revuelta campesina
en Alemania y el desmembramiento de los territorios de la Orden Teutónica. Esta
situación suya en la Corte ,en medio de problemas y discusiones le tuvo que
aportar muchas enseñanzas.
Cuando va a estudiar a Toulouse
se encuentra, según abundantes testimonios con "una ciudad que parecía un
templo; imágenes, crucifijos y reliquias se exibían en todas partes; las
procesiones en número extraordinario rivalizaban en pompa y explendor". Otro
historiador agrega: "es suficiente para ser condenado como hereje, el no haberse
quitado la gorra delante de una imagen o no haber hecho la glenuflexión al sonar
la campana que llama al Ave María", "...todo hombre estudioso era espiado y
considerado como sospechoso de herejía".
En Toulouse había más de 10.000
estudiantes que procedían de todos los países de Europa y que traían con ellos
libros protestantes y la Biblia no expurgada, aunque la represión fue dura, es
normal tanto entonces como ahora, que sean los estudiantes los más críticos y
reticentes contra las normas autoritarias establecidas. Serveto debió de
intervenir activamente, pues posteriormente la Inquisición de Toulouse encabeza
con su nombre una lista de 40 personas perseguidas.
Vuelve al servicio de Quintana,
ya confesor de Carlos I, y con el sequito imperial recorre Italia y Alemania,
asistiendo a las mayores muestras de grandeza y boato. Serveto, que en su fuero
interno alimentaba deseos de sencillez evangélica y se declaraba partidario de
un culto cristiano sin oropeles, se encuentra con la apoteosis de la coronación
imperial por un Papa, que exhibe la mayor de las pompas mundanas. Italia estaba
infestada de herejes y es muy posible que Serveto con su vehemencia juvenil
dialogara y discutiera con ellos sobre sus inquietudes teológicas.
ESPAÑOLIDAD DE MIGUEL
SERVET
Ya no volvería a España, pero sus
recuerdos infantiles y juveniles le acompañaran toda la vida. Su españolidad la
manifiesta siempre; cuando da su nombre verdadero, agrega del Reino de Aragón en
España; cuando cambia su nombre, se apellida Villanovano en recuerdo de su
pueblo natal, y se dice natural de Tudela pero de "padres españoles", quizá para
aclarar que cuando nació aún no se había incorporado a España el Reino de
Navarra.
Entonces España era la mayor
potencia, y como hoy Estados Unidos, era envidiada y atacada por todos. Lutero
declara que "era mejor tener un turco por enemigo, que un español por amigo", y
también en sus ocurrencias de sobremesa con sus discipulos, decía que Serveto
era un moro no un cristiano (a los españoles se les llamaba en Europa moros o
judíos, por la permanencia de estos en la Península). Zwinglio, jefe de la
Reforma en Zurich advierte a Ecolampadio: "ten cuidado, porque la falsa y
perniciosa doctrina de ese español es capaz de minar los fundamentos de nuestra
cristiana religión...".
Cuando Serveto realiza la
traducción latina de la Geografía de Ptolomeo dice: "Colón fue el descubridor de
un continente que los españoles gobiernan ahora felizmente. Por eso están tan
radicalmente equivocados los que llaman a América a este continente, pues
Américo (Vespucio) fue a este pais mucho después que Colón". Escribe también de
las "acequias que emplean los españoles" de los "maestres de las Ordenes de
Caballería", de la "Institución admirable que llaman Hermandad, pues es una
jurada fraternidad de ciudadanos que a toque de campana... y al cogido lo atan
vivo al palo y lo atraviesan con flechas" (parece la memorización de cuentos y
leyendas infantiles). Que "hay en España ingente número de principes, duques,
marquese, condes y barones,..., de España a Galia los mercaderes llevan granos,
sedas, piedras preciosas y aromas traidos de la India". "Hay hoy un solo Cesar,
Carlos, es dueño de todas las cosas, exceptuando Portugal". Escribe, que aunque
Francia supera en producción, España aventaja el sabor y la bondad de sus
productos. "...los españoles han adquirido nombre por su valor en la guerra y
sus muchas victorias ganadas al enemigo, siendo sufridísimos de hambre, sed y
trabajos en la batalla, y muy astutos en las estratagemas; de cuerpo tan ligero
que facilmente huyen y persigen al enemigo. De vida frugal, no consumen tanto
alimento y bebidas como los galos y germanos, a menos que sean invitados, pues
entonces llegan al hartazgo...". "Son clarísimos los españoles en todo el orden,
por sus navegaciones oceánicas para descubrir nuevas regiones... hacia el sur
fueron los primeros que circunavegaron Africa... hacia occidente descubrieron
multitud de islas que sometieron a su Imperio".
De las españolas dice: "... es
considerada bárbara por los galos la constumbre de las mujeres hispánicas de
perforarse los lóbulos de las orejas con un aro de oro o de plata al que prenden
las más de las veces, alguna piedra preciosa. Rodean también su talle con un
cinturon de madera, para parecer más pomposas, y no salen de casa si no las
acompaña una caterva de criados que las precedan y de criadas que la sigan"
(exageraciones que vió de niño en Sigena). "Es de alabar en las españolas que se
abstienen mucho del vino, y es de vituperar que deformen su rostro con colírios,
minio y cerusa".
También hay juicios no favorables
sobre los españoles: "... de ingenio feliz, aprenden infelizmente... se pueden
encontrar un español sabio en cualquier sitio más bien que en la propia España".
Pero son más mordaces y desagradables con otras naciones, por ejemplo: "Hungría
produce ganado; Baviera, cerdos; Suabia, prostitutas; Bohemia, herejes; Baviera,
también ladrones; Suiza, verdugos (barrunto profético) y pastores; Westfalia,
mentirosos, y toda Alemania, glotones y borrachos".
Es de destacar la españolidad de
Serveto, se nota que se siente orgulloso de ella, de la Hispania romana, de la
Hesperia griega, y como estos incluye a Portugal. Eran tiempos de unidad, de
proyecto conquistador y evangélico, de poder y fortaleza. España era nación
cuando en Europa aún no se había formado ninguna.
Se hace llamar español, aún
cuando lo insultan, lo denuncian, lo sentencian y lo condenan. Cuando lo
detienen e interrogan en Viena del Delfinado, sobre si él es Servet contesta
diciendo que se apellida Villanovano y que si firmo algunas cartas como Servet,
es porque este es español y escritor como él.
Yo creo como Arner que: "Serveto
se nos presenta como una voluntad sana, con misticismo arrebatador y sincero,
aún a pesar de aquella, su actitud de rebeldía y estravío antijerárquico, fruto
de una mente zarandeada por el vaiven de unas circunstancias
político-científico-religiosas". "Mi creencia me permite presumir que Miguel
Serveto, condenado por los hombres como hereje, defensor de una doctrina, no fue
condenado por Dios... al que amo y dedicó sus pensamientos y trabajos durante
toda su vida".